HUERTA

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jueves, 12 de noviembre de 2015

EL PERTINAZ ACOSO A LOS PROFESORES

Cuando comenzaron los recortes  en educación algunos políticos cargaron contra los profesores para justificar sus políticas, trasladando el mensaje de que trabajaban poco. Nada peor que enfrentar a los padres con quienes educan a sus hijos, pero lo hicieron y, sin duda, algo consiguieron.
Nada nuevo y además compartido en otros ámbitos. En el pensamiento de determinados teorizantes de la educación siempre ha circulado la idea de que el profesorado es poco profesional, acomodado y conservador. Posiblemente a ello se deba el  empeño excesivo por la formación pedagógica, que viene fracasando total o parcialmente de manera reiterada, quizás porque los formadores-pedagogos ignoran de manera flagrante la realidad de los centros educativos, de los alumnos y de los padres de los alumnos. Estos teorizantes, en continua efervescencia, se han colocado en puestos claves de la administración en todos los niveles (regional, nacional e internacional) o en otros espacios de influencia. Son de diferente ideología, pero tienen la misma actitud ante la realidad educativa y en especial ante el profesorado, al que parecen despreciar. Por su parte el profesorado activo queda al margen de las responsabilidades en la administración educativa, por decisión política o por voluntad propia.
 La avalancha de leyes, instrucciones, currículos, programaciones, cambios en las denominaciones de las cosas, relaciones interminables de ítems a tener en cuenta para cualquier cosa…, no son más que el resultado de esa obsesión enfermiza de quienes creen que los profesores no saben cuál es su función. Último episodio: La LOMCE establece un sistema de “estándares de aprendizaje” para que los profesores se limiten a inocular en los alumnos una lista de contenidos de diverso tipo y, mediante peculiares sistemas de cuadrantes, los clasifiquen en categorías según se sitúen en una nomenclatura que requiere de una enorme cantidad de horas para interpretar, pero que termina siendo una pérdida de tiempo. Las  reválidas serán unas pruebas tipo test, que convertirán las clases en una especie de academias para rellenar impresos y asegurar “resultados”, tal y como también parecen reclamar los que han elevado las evaluaciones PISA a la categoría de oráculos sagrados y a la OCDE en el santoral de los tiempos modernos. Se pretende, en suma, acabar con lo que queda de la figura del profesor, para dar paso a la del burócrata  que cumpla con  las nuevas funciones que les asignen los mercados, los ideólogos de tal o cual teoría pedagógica o quien quiera que sea.
Ahora acecha una nueva campaña electoral y, con ella, nuevas ocurrencias y nuevos salvadores de la educación, que se traducirán en más documentos y, posiblemente, en una nueva generación de verborrea.  Personas sensatas como  José Antonio Marina se terminan contagiando de ese virus, llegando a proponer la simpleza de  separar a los profesores entre buenos y malos y pagarles diferente y que además sean los propios profesores quienes se denuncien entre sí.
Desde luego que todo el profesorado no es uniformemente bueno, ni uniformemente malo, pero cualquiera que conozca de verdad lo que sucede en los centros públicos sabe que los profesores no son el problema, siendo muy minoritarios los que no cumplen con sus funciones.  Al revés, entre los profesores son más los que llevan su trabajo más allá de lo exigible. Vayan algunos de ello:
Consiguen superar el estrés al que los somete el sistema y continúan mirando como principal sujeto de su trabajo a los alumnos. Sin embargo, se llevan a casa los problemas humanos de sus clases.
Son capaces de aislarse del ruido y, aun así, crear sus propias clases, indagar en el cuerpo colectivo de sus alumnos y aprender a tratarlos.
Atienden con paciencia a los alumnos más impertinentes o más difíciles, en las edades más complicadas, incluso a pesar de que la brecha de edad se vaya abriendo año a año.
No tienen en cuenta el salario  para actuar con más o menos profesionalidad.
Consiguen que entre sus alumnos siga saliendo gente capaz de curar enfermos, investigar sobre el cáncer o sobre la energía eólica, construir puentes, escribir en los periódicos  e incluso hacer tratados de psicopedagogía
No han perdido la fe en indagar por sí mismos nuevas fórmulas para mejorar el aprendizaje de sus alumnos.
Se desplazan con sus alumnos adolescentes al campo, a los museos, a viajes de estudios, para intentar que comprendan mejor el mundo real, más allá de las cuatro paredes del aula, asumiendo notables riesgos y responsabilidades.
Continúan poniéndose al día en los avances científicos de la disciplina que imparten, a pesar de que no está de moda la idea de que para enseñar es menester saber lo más posible de lo que uno enseña.
Continúan sintiendo un cosquilleo en el estómago cuando un alumno o alumna de ahora o de antes le dice con respeto “buenos días, profesor”.
Así que frente a los que sitúan el problema de la educación en los docentes  yo, que soy un simple profesor en retirada, pero que he estado en contacto con el mundo de la administración y la política educativa y algo conozco de ello, propongo:
Simplificar los documentos burocráticos, reducir los inabordables currículos e incrementar los medios para atender a los alumnos.
Reconocer por quien corresponda que no es posible hacerse cargo de hasta 10 grupos de alumnos,  ni mucho menos atenderlos en su diversidad y tomar medidas en consecuencia.
Reconocer que los centros educativos son para formar personas, para impartir cultura y no un mero engranaje del sistema productivo.
Reconocer que los resultados de la educación no han sido tan malos en regiones que hace tan sólo 50 años tenían elevados índices de analfabetismo.
Reconocer que el sistema educativo lo tiene muy difícil entre la basura mediática que acosa a cualquier sistema de valores que proponga hacer mejor al  ser humano y tomar medidas en consecuencia.
Reducir a su mínima expresión los asesores, directivos ociosos, personal de gabinete, planificadores y todos aquellos que pululan en torno al sistema educativo y que sólo hacen perder el tiempo a quienes están trabajando. Esa reducción debería afectar a las consejerías de educación de las comunidades autónomas,  al Ministerio de Educación y a los tecnócratas del Eurostadt y de la OCDE.
Así lo creo y lo escribo.

Pd: Me acabo de comprar un ordenador porque los del instituto son chatarra informática. 

lunes, 3 de agosto de 2015

EL ÁLAMO DEL CERRO DE PERONA






I

            El “Álamo” está en el campo de San Juan, en una estribación de la poderosa serranía de Villafuerte, en la ladera del cerro de Perona,  camino de Gibarroya y de la casa de los Frailes.
            Es uno de tantos parajes repetidos en nuestras sierras. Una expresión amable de sus vertientes escarpadas y de dura climatología, consistente en un pequeño manantial y un sorprendente árbol de gran porte dependiente de aguas subálveas. En este caso es un paraje mínimo, que aprovecha una pequeña ruptura de la pendiente de la arriscada ladera del cerro de Perona. Es además peculiar porque en torno suyo no se desarrolló una pequeña huerta o un cortijo, como es común en estas tierras. Está sólo, despreciando a lo que le rodea, presumiendo de su color diferente, de su porte provocador.
            Además de sus valores naturales, el Álamo, como otros lugares similares, es un trozo del alma de los que tenemos algo que ver con estas tierras. Allí íbamos de merienda, a pasar un día, una tarde o, simplemente, a beber un trago de agua fresca al pasar por ahí cerca. Entre el recuerdo y el olvido conservo imágenes de mi infancia, correteando por la ladera, junto a mis padres, mis hermanos, mis primas. Mi padre echando una manta a la sombra generosa del Álamo, para dormir la siesta, si el día elegido no era demasiado frío, que muchas veces lo era en esos domingos de Pascua del mes de Abril.
El Álamo es un jirón de un tiempo desaparecido, en el que disfrutar no dependía de los objetos, de los viajes, de los espacios sofisticados  o de los espectáculos diseñados al efecto, sino de la voluntad de las personas y de las pocas veces que la naturaleza se mostraba generosa.  Recuerdo más cosas, pero pasado el tiempo aludo a mi padre porque era un hombre de acción en aquellos tiempos y más bien alejado de su origen rural, al que sin embargo los actos sencillos lo seguían vinculando. Cosas simples, como una partida de truque, una siesta debajo de un árbol, un trago de agua fresca, un conejo frito con tomate, un vaso de vino con melocotón o una expresión vieja, como llamarle zape al gato. Sentado en una silla, con la camisa remangada, el cielo azul limpio y a veces con nubes algodonosas y pequeñas punzadas de viento frío.  Mi madre navegando con nosotros o hablando con mis primas. A mi madre le gustaba mucho hablar con mis primas.

II

Seguramente mis imágenes de los recuerdos no serán ajustadas a lo que realmente sucedía y estarán alteradas por los hálitos de melancolía con que adornamos los recuerdos. Así que es probable que esa idea del “Álamo”, como regalo de la naturaleza en aquellos tiempos en que la naturaleza era el enemigo, sea una ficción de mi imaginario, como una ficción fuesen los momentos felices de tantas personas que lo disfrutaron. El caso es que estos tiempos crueles han derrotado también a la memoria, a nuestra capacidad para transmitir a las generaciones lo que las generaciones construyeron.
            Y es que, como tantas otras cosas, el Álamo ya no existe, ni tampoco existe el pequeño manantial, ni el tornajo, ni se puede meter el melón en el agua fresca porque no fluye agua por la ladera, ni por el arroyo. Tampoco existen las meriendas familiares en el monte. Ni existe nada de aquello. En su lugar hay una goma negra del tamaño de la muñeca. Algunos brotes de álamo junto al brutal tronco muerto del viejo, un sauce y algunos endrinos, expresan un desgarrador testimonio que el destino nos muestra a los pocos que tenemos una parte de nuestra memoria atrapada en estos campos y montes.


             

lunes, 2 de junio de 2014

ABDICACIÓN

El régimen político que nació con la Transición ha dejado muchas y grandes sombras.  No ha sido inmune a la corrupción, a la opacidad de los procesos administrativos, al nepotismo o a la manipulación de los concursos y contrataciones públicas.  Tampoco ha sido capaz de  limitar sangrantes injusticias en la distribución de la riqueza.
No obstante, ha permitido, por la vía política, avanzar en la resolución de históricos problemas de España, entre los que destaco:
-Sometimiento al poder civil de un ejército golpista y levantisco.
-Modernización de cuerpos policiales nacidos exclusivamente para la represión y la defensa de los intereses de unos pocos privilegiados.
-Celebración  con normalidad  de elecciones, incluidas las municipales, lo que carece de precedentes  en la moderna Historia de España.
-Nuevo orden territorial frente al centralismo decimonónico.
-Extensión real de los derechos sociales a la población (Educación, Sanidad, Seguridad Social).
-Modernización de infraestructuras de todo tipo y a todos los niveles, que no todo ha sido despilfarro.
-Fin del aislamiento internacional.
Es verdad que ha habido sombras en casi todos los casos citados. Pero no son achacables al régimen, sino más bien a la naturaleza de algunos políticos, a  sus servidumbres y a los vicios de las estructuras orgánicas… y, por supuesto, a la, ¿inexistente?, “sociedad civil”.
Hasta ahora la sociedad ha sido permisiva con los territorios más sombríos del sistema. Las voces –entre las que me cuento- que en el momento oportuno se alzaron contra actuaciones que tanta cola han traído, como sobrecostes en obras públicas, excesos urbanísticos, irregularidades varias,  dudosas privatizaciones de servicios y empresas, no encontraron eco alguno en unos medios de comunicación predecibles y polarizados ideologicamente. Sólo ahora, a toro pasado, algunos medios expresan indignación y denuncian lo irremediable. Tampoco hubo órganos sociales, ni agrupaciones de afectados, que se movilizasen por los intereses colectivos. El hábito de participar en las cosas de todos es  mínimo en nuestro país. Las  superestructuras, como la Universidad, han carecido de proyección. Inanes a la cultura, a la política, a la generación de opinión. La concurrencia a los órganos de participación ha sido escasa o nula (véase lo que ha sucedido con los consejos escolares). No digamos la participación en la exposición pública de planes y proyectos, sobre los que ningún colectivo  social suele presentar alegaciones, salvo alguna digna excepción. Tampoco somos modelo en hábitos cívicos cuando se trata de cuidar nuestro entorno urbano y natural.
Estamos en una sociedad deconstruida y acrítica, susceptible de abrazar populismos paternalistas. Reconozco mi desconocimiento sobre la diversidad de los que ahora se movilizan y me gustaría pensar que se trata de un nuevo fenómeno ciudadano, pero recelo de la indignación promovida desde los púlpitos mediáticos.

No comparto la respuesta a la abdicación del rey pidiendo un cambio de régimen y por tanto un proceso constituyente. Es obvio que no soy monárquico, pero creo que el republicanismo en España ha fracasado porque se le ha atribuido un papel milenarista y catártico en momentos imposibles. La República no es una solución, es una postura cívica, de representantes y representados que se comunican, que no son pies aislados como hasta ahora. Hay pues mucho por avanzar en ese republicanismo cívico.  No hay soluciones a corto plazo. Se avanza dando pasos, cambiando cada día. Nada fácil. Se retrocede rápido, mediante cataclismos. Es normal temer al retroceso.

domingo, 16 de febrero de 2014

EL MALESTAR DOCENTE Y EL DETERIORO DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA



En general los profesores no estamos contentos. Eso debería ser motivo de preocupación para políticos y  para la sociedad en su conjunto, aunque dudo que lo sea.  

Habrá muchos que piensen que el malestar docente es sólo por la disminución de los salarios. Desde luego, en parte sí, pero a eso se temina uno acostumbrando. A lo que es difícil acostumbrarse es a la degradación que día a día sufren nuestras condiciones de trabajo. Conforme avanza el curso escolar los grupos de alumnos masificados y malamente configurados se deterioran hasta el extremo de que las condiciones para el aprendizaje son imposibles.  ¿Quién es capaz de gestionar después de 5 meses a grupos de  32 o 33 adolescentes en los que los que desarrollan aprendizajes con normalidad son minoría frente a un puzle de problemas?:  ACNÉS a los que hay que hacer adaptaciones curriculares sin apenas resultados, síndromes diagnosticados o no, pero mal integrados en el grupo, inmigrantes de diferente procedencia que apenas conocen el idioma, alumnos expedientados, alumnos con la asignatura pendiente del año anterior a los que hay que hacer un plan de recuperación. Todos en un mismo recipiente. 

Tampoco se acostumbra uno a la tensión que produce querer emplear nuevos procedimientos o mejorar la sistemática de trabajo y sólo encontrar obstáculos. Las administraciones han venido alardeando de implementar nuevos programas o nuevas tecnologías y lo único que han hecho ha sido provocar ansiedad en los docentes. Las redes no funcionan o funcionan mal, los medios disponibles en clase se deterioran y no se reponen, así como los programas y aplicaciones, que  eternizan los prolegómenos para empezar a trabajar en clase cuando se emplean TICs. Ésto sin contar con el problema cada vez más grave de la obsolescencia. La sociedad debe saber que desde que empezó la crisis –hace 6 años- apenas se han renovado equipos informáticos o telemáticos. Lo más básico. No ya utópicos programas como los que pretendían poner a los alumnos en la web 2.0. Los equipos que usamos los profesores para elaborar los documentos  de cada día (informes, exámenes, rellenar una ficha…) están obsoletos y se pierden en ellos horas de trabajo. Los ordenadores se cuelgan, empiezan a dar vueltas y vueltas, la pantalla se pone azul, las impresoras están rotas. Creánme un desastre. Esto no es conocido porque en los periódicos aparecen otras necesidades aún más básicas, como la calefacción o el pago de los suministros básicos. Pero hoy día la obsolescencia tecnológica constituye un problema muy serio que afecta de manera directa a la docencia.

Es verdad que los problemas de la educación son complejos. Pero estamos en un momento en que nos empieza a faltar el pan y las lentejas y esto sí que es grave para la educación pública. En absoluto son creíbles para los profesores, que algo sabemos de todo esto, las palabras vacías de los responsables políticos o administrativos o de los “expertos” desde sus los despachos. No es que no sean creíbles, es que irritan. Irrita que los responsables de la administración jueguen a la política, que anuncien en los periódicos nuevos programas experimentales o que propongan como medicina una nueva generación de verborrea pseudopedagógica, a cuyos autores invitaría a introducirse en una de las muchas clases complicadas que hay en los institutos.

No es aceptable que ante la envergadura de los problemas nos propongan una nueva ley. Si las anteriores leyes han dado resultados dudosos ha sido en parte por su deficiente financiación. Pero es que esta ley no sólo no trae más financiación, sino que trae menos. Viene rodeada de presupuestos adelgazados hasta los huesos. En España entre 2010 y 2013 los presupuestos de educación  disminuyeron un 12,21% ,  en Murcia un 17,51 %. Y este es el problema de hoy día. Así que, a quien  corresponda, por favor  hagan algo más allá de la palabrería.

lunes, 15 de julio de 2013

TERCER DÍA: HERBÉS Y MORELLA



 
              Me levanto más temprano, porque quiero recorrer la población de Morella a la vuelta. La etapa es corta. Tendré que subir por el puerto de Torre Miró y, si puedo, pedalear un rato por “tierras de dinosaurios”, que ya se me había metido en la cabeza el primer día. En ese tramo de carretera y hasta el mismo puerto está bien representado el Aptiense, época del Cretácico Inferior, en la que los alrededores de Morella eran una especie de marisma, con clima tropical, tierras fangosas, fauna de agua dulce y vegetación de coníferas gigantes. O sea, el ambiente en el que vivieron los dinosaurios, de los que existen restos paleontógicos y huellas en la zona. Esas llanuras sedimentarias, después del plegamiento, están implicadas al norte de Morella en una apretada sucesión anticlinal-sinclinal con dirección NW-SE, que se encuentran arrasados por la erosión y por eso afloran sus estratos en las cumbres de Torre-Miró.

            Sin embargo, me sorprende una mañana de perros con un viento racheado del NW, que apenas me permite hacer otro oficio que mantenerme en pie encima de la bici. Una vez arriba (1250 m.) las ráfagas van a peor y me impiden disfrutar del pedaleo por las cumbres, que tanto me gusta.  No obstante, a la vuelta, con el viento más calmado, me detengo más tranquilo a hacer la foto que vemos en la fig. 1; bonitos sabinares, asociados con piornos, pinos laricios, espinos blancos –que están en flor-, enebros y carrascas entre otros.

  

 
Fig. 1.-Sabinar en las cumbres de Torre Miró 

            Pero, siendo consciente de la tierra que piso, pedaleo en busca de lugar más apacible y busco el descenso por otra vertiente hacia Herbés. Ésta es una población recóndita a la que se llega después de un rápido descenso acompañado por una violenta barranquera que todavía conserva algunas pozas de agua, entre desprendimientos de bloques, que en la tierra llaman “Tossals”.  Es uno de los ramales del barranco de Escalona, de la cuenca del Matarraña.
 
            Justo a la espalda de Herbés hay un haz apretado de sierras, fruto del empuje tectónico, que ha dado lugar a un extenso cabalgamiento de calizas del aptiense inferior sobre calizas y dolomías de época posterior. 

 
Fig 2.-Sierras al NE de Herbés

            Herbés tiene una planta elegante, con un monumental castillo-palacio de un noble varón, que da fe del origen señorial de estos predios.

 
Fig 3.-Herbés

            Regreso por el mismo sitio y he de superar una subida notable;  pero la hago cómoda porque ya no sopla tanto el viento. A la vuelta disfruto más de las cumbres, pero el tiempo apremia y hago el descenso rápido a Morella, a la que accedo por la puerta principal, la de San Miguel.  He hecho sólo 43 kms, pero 1000 m. de ascensión.

            Una vez en Morella, recorro sus calles y hago alguna visita. El hotel donde he estado se ubica en el rehabilitado palacio del cardenal Ram, en cuya rememoración hay un fresco en el salón principal. Como en mi viaje no busco profundizar en cardenales, ni obispos, ni nobles, ni reyes, ni nada por estilo, no me intereso por el citado cardenal. Eso sí, el edificio es de sólidos paramentos y tiene un elegante exterior. El vano de la puerta principal es un arco de medio punto con dovelas alargadas formando un abanico que le dan un aire esbelto. Tiene un alero de estilo aragonés, con doble hilera de ménsulas de madera. 

 
Fig 4.- Calle principal de Morella, con el palacio del Cardenal Ram al fondo.

 
            Después de recorrer la calle principal se llega al museo “tiempo de dinosaurios”, al que entro para ver con mis ojos los restos fósiles de esos fantásticos animales que poblaron estas tierras durante el Cretácico. Me llama la atención un panel con un croquis y un corte geológico, junto a la secuencia estratigráfica del Cretácico inferior, que no me dejan fotografiar. Me veo obligado a tomar unas notas, que me aclaran algo el jaleo de rocas que he estado viendo estos días. Entre otras cosas, se me queda en la cabeza que debajo de las calizas que sirven de cimiento al castillo de Morella hay una capa de margas, lo que me servirá para encontrar explicación a una rara peculiaridad que tiene esta singular ciudad y me explica el dueño del restaurante en el que me dispongo a comer. Y es que en el mismo hay una bodega, en la que se conserva un pozo con agua. Le pregunto al dueño y me dice que en toda la población hay una sucesión de pozos similares, que, cuando llueve,  se recargan de agua ellos sólos. Deduzco de ello que las margas  que antes cité han servido como capa impermeable para sostener encima un pequeño manto freático que hábilmente van drenando los morellanos para garantizarse el agua de abastecimiento, cuando ésta no llegase por otros mecanismos de ingeniería, como el acueducto del S. XV que hay al norte de la ciudad. Y es que para llevar el agua hacia arriba hay que tener mucha imaginación.


 
Fig 5.-Castillo de Morella.

             Paseo por alrededor del Castillo y me asomo a la basílica, un templo gótico del S. XV. Aún siendo un templo abierto al culto, no dejan pasar si no pagas dos euros. No se me tome por roñoso, pero me lo pienso y me doy la vuelta.

            Me espero a la salida para hacer una foto a la monumental ciudad desde un lugar menos habitual y en el que destaca la puerta de San Miguel.  Con ella me despido hasta la próxima si me quedan fuerzas.


            
Fig. 6.-Morella.         

miércoles, 10 de julio de 2013

SEGUNDO DÍA: A CANTAVIEJA Y MIRAMBEL


De Morella salgo por la puerta de San Mateo. Del peñasco en que se emplaza Morella siempre se baja,  no hay más remedio. Pero una vez que llego al río Bergantes, empiezan los repechones que me llevarán hasta Cantavieja.

El primer pueblo con el que me encuentro es Cinctorres, de cuya plaza se enseñorea una iglesia con una portada-telón de estilo neoclásico algo exagerada y dos esbeltas torres. Callejeo por el pueblo y continúo ruta.

Antes y después voy pensando en el papel decisivo de la geomorfología en estas soledades. Formas tabulares, en cuesta y, sobre todo,  muelas, como se las conoce en Aragón. Morfologías que aquí se deben a la fuerza erosiva de Bergantes y Columbres, afluentes del río Cantavieja.  Desde las cumbres uno mira y las ve casi al ras. Entre ellas se hunden los cauces fluviales, unas veces en anchos valles, otras en secos tajos. Eso sí, la tectónica es más bien tranquila. En esta parte del Maestrazgo los pliegues son horizontales o casi y la mayor parte de las series estratigráficas vienen coronadas por un estrato carbonatado,  del cretácico casi siempre.

 

 
Fig. 1: Formas tabulares
 

Estos roquedales han servido a los lugareños para construir sus viviendas e instalaciones ganaderas, con el uso exclusivo de la piedra. Los estudiosos le llaman a esta forma tradicional de constuir la “arquitectura de piedra seca” (figs.1 y 2). Viene facilitada porque aquí las calizas se exfolian en grandes lajas que permiten hacer sillarejos o dar suministro para  la mampostería de los edificios. No menor es su uso para acondicionar laderas para el cultivo mediante hormas de piedra que sujetan los aterrazamientos. He de decir que si antes tuvieron uso agrícola esas laderas, hoy ya no lo tienen. Aquí, como en otros sitios,  la vieja agricultura y el mundo rural son cosa del  pasado.

  

 

Fig. 1.-Paramento de lajas de caliza en Cinctorres

  



Fig. 2: Hormas de piedra en las laderas.


Después de Cinctorres te encuentras un cartel que pone “Puerto de los Capriles”. Tiene una subida de aúpa y sólo me detengo a fotografiar un plegue anticlinal que me sorprende entre tantas formas horizontales (fig. 3).  La carretera es bastante solitaria y escucho muchos cantos de pájaros, que me recuerdan a mi amigo Fernando de Sotresgudo, que se los conoce todos. Yo reconozco sobre la cumbre el pesado vuelo de un grupo de buitres leonados, que habrán visto algún cadáver por esos pedregales, pero no el mío, porque yo continúo vivo.

 
 
Fig. 3. Anticlinal en Rodilla  en el puerto de los Capriles

Luego hay un descenso hacia el Portell de Morella, pero ahí no acaba el puerto. El Portell tiene una atractiva estampa, con su torre adosada a la iglesia y las casas desparramándose por la ladera aterrazada. 
 
Fig. 4: Portell de Morella.

Una vez abajo, pero sin descender al fondo del valle, la carretera se pone cuesta arriba y me recuerda que aún no he coronado el puerto, que ahora tiene nombre castellano, “las Cabrillas”. La carretera escala el páramo, que está mordido por varios barrancos y que en toda su ladera norte le han plantado un montón de modernos molinos de viento. Me da la impresión de  que el parque eólico de “las Cabrillas” es el responsable de que la carretera en la vertiente castellonense esté tan bien arreglada, porque después de hacer cumbre a más de 1300 m. y ya en la provincia de Teruel,  la carretera está reventada. Ello también me hace pensar en lo duros que han de ser los inviernos por estas tierras. Eso sí, como se puede ver en las fotos, la vegetación aún conserva la frescura y el verde de una primavera que, según me cuentan los lugareños, ha sido larga y abundante.

Con la Iglesuela del Cid te encuentras de golpe y porrazo. Una vez allí te sorprenden, en lugar tan recóndito, los palacios con elegantes aleros  de madera y doble hilera de ménsulas. En algún lugar he leído que son “cornisas aragonesas”. A mí  me recuerdan el renacimiento toscano.
 
 
Fig. 5.-Palacio. Iglesuela del Cid 

Me llama la atención una refrescante huertecilla (fig. 6) que ocupa el fondo de un cauce. Coqueta y bien trazada, con las casas asomándose para ver crecer tan cuidadas hortalizas.
 
 

Fig 6.-Huertos. Iglesuela del Cid 

Salgo de los palacios, en los que no aspiro a vivir. Me conformo con una refrescante fuente que hay a la entrada del pueblo bajo un porche de madera. Se está tan agusto sentado oyendo caer el agua que no dan ganas de seguir.  

 

Fig. 7.-Fuente.Iglesuela del Cid. 

Después del breve respiro me espabilo y me dirijo hacia el puerto de Cantavieja. Primero se sube y luego hay un tobogán que te requema las piernas. La señal de tráfico dice 9%,  pero mi monitor me marca durante un rato un 20% y a mi bici no le quedan más coronas que subir.  Por fin llego arriba: Puerto de Cantavieja, 1420 m.. 

Cantavieja, no siendo un pueblo grande, tiene cierta prestancia, pasado templario y capital del Alto Maestrazgo turolense. Me introduzco por el empedrado hacia el centro, pero no encuentro un bar en el que reponer fuerzas al aire libre. Me detengo en la iglesia de San Miguel, que en su lateral tiene un pórtico gótico que hace las veces de atrio. En el paramento limpio hay un pequeño cuadro de la Virgen, que dice “Quintos 2013”. Me doy la vuelta pensando en esta costumbre de despedir a  los quintos con una fiesta y no habiendo ya quintos, se sigue celebrando en algunos sitios. Tampoco atino a cuadrar la Virgen con los Quintos.  

 A la entrada veo un bar con mesas en la puerta y allí me dirijo. Me pido un bocadillo de lomo de a palmo, un aquarius y un bolígrafo para tomar algunas notas y no fiarlo todo a la memoria. En Cantavieja hay cuartel de la Guardia Civil, con una bonita fachada. Pensando yo en eso se detiene la pareja y me saluda. Uno de los guardias es aficionado al ciclismo y se ha fijado en mi bici. Me hace algunas preguntas sobre ella y gustoso le atiendo. Echamos un rato de conversación mientras doy cuenta de mi bocadillo y aprovecho para hacerme el experto en bicis y ciclismo aficionado, que me lo tengo ganado. El guardia, que es de Alcaudete, provincia de Jaen, me alivia diciendo que lo más exigente del recorrido ya lo he completado, aunque la carretera hasta Mirambel tiene un tramo que está hecho un cristo.  Con agua fresca en los bidones y los parroquianos tomando el aperitivo, reemprendo el camino con el sol zurriendo en todo lo alto.  

La carretera hasta Mirambel va paralela al río Cantavieja. En el descenso hacia el mismo hay una vista espectacular del pueblo sobre un talud (fig. 8), excavado por el río y que deja al descubierto las etapas sedimentarias de casi todo el Cretácico Inferior en las idas y vueltas del viejo mar de Thetys por estas latitudes.  Hasta 6 periodos o facies de los mismos podemos observar desde la carretera: calizas detríticas y bioclásticas, luego arcillas, margas y areniscas rojas, después otra vez calizas, encima margas con plicátulas y al final las calizas en las que se asienta Cantavieja.
 
 
Fig 8.-Talud sobre el que se emplaza Cantavieja 

Como ya me había avisado el guardia civil de Cantavieja, de golpe la carretera hacia Mirambel se convierte en un infierno de baches, remiendos y abolladuras, que me muelen el espinazo. Además, el calor propio del mes de Julio y la hora que se me ha hecho le dan fuerza al olor de las granjas de cerdos que salpican todo el territorio. El río Cantavieja baja muy mermado y alivia poco el mirarlo.  

Para entrar a Mirambel la carretera no está arreglada. Yo diría que está aún peor. Eso sí,  han colocado un panel en el que se elogia su pasado y valor patrimonial. Bien parece que las autoridades no le atribuyan presente alguno, pues ni carretera decente tiene para llegar.  En efecto, Mirambel conserva conventos, palacios verdaderamente monumentales, como la casa Aliaga (fig. 10), castillo y fragmentos de la muralla. Por cierto, la puerta principal, la de las monjas, tiene una original  celosía de yeso y barro que me entretengo en fotografiar (fig. 9).  

A las tres de la tarde dejo Mirambel y voy camino de Forcall. Allí, me refresco en una sombra de la plaza porticada y tomo la carretera hasta Morella. Para ver Morella cuando estás cerca de ella siempre tienes que mirar hacia arriba, así que no hay quien me libre de un último azagón . He recorrido 100 kms y un desnivel positivo de 2.127 m. que no está nada mal.

 
 
Fig. 9.- Portal de las Monjas. Mirambel. 

 
 
Fig 10.-Casa aliaga. Mirambel

 

martes, 9 de julio de 2013

CON MI BICI POR EL MAESTRAZGO Y LA COMARCA DEL MATARRAÑAS


Era algo que venía pensando desde hace tiempo. Recorrer una comarca con mi bicicleta, parar en cada pueblo o allí dónde se me antojase. Lo de contarlo en el blog se me ha ocurrido sobre la marcha. En cada viaje y a cada paso me tropiezo con referencias geográficas y arquitectónicas aunque no las busque y he pensado que eso puede ser útil para mis alumnos. Así que, empezaré a ver que pasa. Para la primera vez he elegido un rincón del Maestrazgo y la comarca turolense del río Matarrañas, entre el dos y el cinco de Julio de 2013.

PRIMER DÍA: HACIA LOS PUERTOS DE BECEITE 

Salgo a las 14,30 de Monroyo en dirección a Valderrobres, después de pasar en coche el puerto de Torre Miró. Entraré en la comarca del Matarraña, afluente directo del Ebro en su margen derecha. Mediodía, pero en estos altozanos soplan muchas brisas, que alivian el solanero.  Antes de dejar Monroyo me fijo en un cartel que alude a “Dinópolis”, luego estudiaré porqué. 

Me detengo en Fuentespaldas, que en su cartel de bienvenida también pone Fontespatla, advirtiendo que sus habitantes tienen lengua propia, una variante del catalán. He oído algún jaleo político por ahí y creo que las Cortes Aragonesas aprobaron llamar  a ese idioma o habla, el LAPAO. Hay que ver qué cosas pasan en esta España.  Me detengo en la plaza del pueblo más sólo que la una y miro la fachada del ayuntamiento, espléndida con el sol en lo alto. Un solo toque de la campana del reloj debe indicar que son las 15,15.





 Fig1.-Ayuntamiento de Fuentespaldas

 Junto a la carretera me llaman la atención unas rocas rojizas que se van extendiendo muy ampliamente. Son conglomerados de clastos calcáreos englobados en arcillas rojizas de sedimentación continental que los mapas geológicos clasifican en el Paleógeno (fig.2).





Fig. 2.-Rocas detríticas del Paleógeno
 La carretera va hacia abajo pero algunos repechos me recuerdan que para andar en bici hay que dar pedales. 

Pronto se empiezan a ver al fondo los farallones rocosos de los puertos de Beceite a los que hago unas primeras fotos. Sus cresterías cortadas a bisel se formaron a la vez que la cordillera Catalana, teniendo su misma dirección de plegamiento, aunque después fueron las aguas violentas del primer Matarrañas las que le dieron forma definitiva. Los puertos de Beceite están justo donde el viejo Macizo Ibérico se hundió por la fuerza del plegamiento alpino para que se levantaran los sedimentos jurásicos y cretácicos que se habían formado a su pie. 




Fig.3.-Puertos de Beceite

Entro en Valderrobres. Población que tiene una bonita silueta, aunque su entrada no hace honor al cartel que saluda: “Valderrobres, uno de los pueblos más bonitos de España”. Eso sí, una vez dentro doy fe que es cierto.




Fig. 4.-Valderrobres

Doy unas vueltas por sus calles empedradas y vuelvo a salir por el puente medieval que flanquea el río Matarrañas para ir a Beceite. A la salida un cartel dice: Al Castillo. Giro la bici y un camino municipal efectivamente me lleva al castillo. Es un extraordinario monumento del S. XV, bien conservado; sus paramentos son robustos y tienen unos pocos vanos con arcos ojivales. Los ventanales tienen dobles parteluces y están decorados por una sencilla tracería gótica. Sin embargo, coronando el muro hay una galería de pequeñas bóvedas que a lo lejos parecen de cuarto de esfera, aunque no lo veo bien. Arriba el muro almenado (fig.5).


Fig 5: Castillo de Valderrobres

A pesar de la hora, el camino hacia Beceite es gratificante. La carretera va remontando el río en suave pendiente y la vegetación de ribera desprende un agradable frescor.  Chopos, álamos y sauces es lo que más veo. En la ladera del monte, encinas, enebros, sabinas y pinos carrascos. Me llama la atención una acequia que va paralela al río por la ladera. Me pregunto si seguirá llevando el agua para algún regadío o, como tantas otras,  estará abandonada, depués de tanto trabajo para construirla. 

En Beceite termina la carretera, pero el pueblo se conserva bien y de mirarlo se queda uno sereno. Al parecer ha perdido bastante población, porque en tiempos tuvo fábricas de papel, una de las cuales abastecía a la de los naipes “Heraclio Fournier”. Ah! Y también tiene nombre en catalán, “Beseit”


Fig. 6: Beceite

Regreso a Valderrobres y me dirijo a Rafales. La carretera desde el cruce de la general hasta Rafales es solitaria, bonita y exigente para el ciclista. Repechos, pequeños descensos; incluso kilómetros encadenados de subida. Voy remontando el río Tastavins, que se hace maduro recogiendo aguas de las montañas que rodean a Rafales.



Fig.7. Río Tastavins

Rafales es un bonito pueblo de montaña, con aire limpio y fresco, igual que la fuente que me da consuelo. El repartidor de butano, creo que de Alcañiz, me hace amablemente una foto y me da un poco de conversación.



Fig. 8.-La fuente de Rafales 


     Ya sólo me queda el regreso, que no es sencillo. Mi amigo el repartidor de butano me advierte  que hasta el cruce con la nacional hay unas buenas cuestas. Así es, 2 kms con una pendiente de dos cifras y 6 kms más tendidos. A la vista Monroyo.  Al final, medio día bastante completo: 76 kms y 1.000 m de desnivel positivo, que para no haber ningún puerto largo no está mal.